EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
53
El tercer estado del hombre después de la muerte: estado de instrucción para aquellos que entran al Cielo
512.
El tercer estado del hombre o de su espíritu después de la muerte es
el estado de instrucción; este estado es para aquellos que van al
cielo siendo hechos ángeles, pero no para aquellos que van al
infierno, puesto que estos no pueden ser instruidos, por lo cual su
segundo estado es también su tercero, terminando con volverse
directamente ellos a su amor, por consiguiente a la sociedad
infernal que se halla en igual amor. Hecho esto, quieren y piensan
sólo por este amor, y por ser este amor infernal no quieren más que
el mal y no piensan más que lo falso; estas cosas son su gozo,
puesto que son de su amor, y en su consecuencia rechazan todo bien y
toda verdad, que antes habían admitido, por haber servido a su amor
como medios. Pero los buenos son conducidos desde el segundo estado
al tercer estado, que es su estado de preparación para el cielo
mediante instrucción. Nadie puede ser preparado para el cielo, sino
mediante conocimientos del bien y de la verdad, por consiguiente
sólo mediante instrucción, porque nadie puede conocer lo que es el
bien y la verdad espiritual, y lo que es el mal y la falsedad, que
son opuestos a los primeros, a menos de ser instruido. Lo que es el
bien y la verdad civil y moral, lo cual se llama rectitud y
sinceridad, puede saberse en el mundo, puesto que allí hay leyes
civiles que enseñan lo que es rectitud, y también existen tratos en
los cuales el hombre aprende a vivir conforme a las leyes morales,
las cuales todas se refieren a lo sincero y a lo recto. Pero el bien
y la verdad espirituales no se aprenden del mundo, sino del cielo.
Bien pueden saberse por las Escrituras y por la doctrina de la
iglesia sacadas de la Escritura, pero no obstante no pueden influir
en la vida si el hombre con respecto a sus cosas interiores, que son
de la mente, no se halla en el cielo, y el hombre se halla en el
cielo cuando reconoce lo Divino y asimismo obra con rectitud y
sinceridad, por tener el deber de obrar así puesto que lo exige el
Verbo; vive por consiguiente en rectitud y sinceridad a causa de lo
Divino, y no a causa de sí mismo y del mundo, como fines. Nadie
puede obrar de esta manera sin embargo, a menos de haber sido
anteriormente instruido, acerca de que hay un Dios, un cielo y un
infierno, que hay una vida después de la muerte, que se debe amar a
Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo; y que se
debe creer lo que dice el Verbo, por ser el Verbo Divino. Sin
conocimiento de estas cosas y reconocimiento de ellas el hombre no
puede pensar espiritualmente, y sin pensar en ellas no las puede
querer, porque el hombre no puede pensar en las cosas que ignora, y
aquellas en que no piensa, no puede quererlas. Cuando, por lo tanto,
el hombre quiere las cosas antes referidas, entonces influye el
cielo, es decir, el Señor mediante el cielo, en la vida del hombre,
porque influye en la voluntad y, mediante esta, en el pensamiento, y
por conducto de ambos en la vida, porqué toda la vida del hombre se
viene de allí. De ahí resulta claro que el bien y la verdad
espiritual no vienen del mundo, sino del cielo, y que nadie puede
ser preparado para el cielo, sino mediante instrucción. También es
el caso que el Señor, en la medida que influye en el hombre, en esta
medida le instruye, porque en esta medida despierta en la voluntad
el deseo de conocer las verdades, y en la misma medida, ilumina el
pensamiento al efecto de poder conocerlas y en la medida que esto
acontece, se abren las cosas interiores del hombre, y se implanta en
ellas el cielo, y además influye en la misma medida lo Divino y lo
celestial en las cosas sinceras que pertenecen a la vida moral y en
las rectas que pertenecen a la vida civil en el hombre, volviéndolas
espirituales; puesto que el hombre entonces las hace por virtud de
lo Divino, haciéndolas a causa de lo Divino. Las cosas sinceras y
rectas que pertenecen a la vida moral y civil, las cuales de este
origen se hacen por el hombre, son los efectos mismos de la vida
espiritual y un efecto deriva su todo de su causa eficiente, porque
cual esta es, tal es también aquel.
513. La instrucción se verifica por ángeles de varias sociedades, especialmente los que se hallan en la región del norte y del mediodía, porque estos ángeles tienen entendimiento y sabiduría en consecuencia de conocimientos del bien y de la verdad. Los lugares donde enseñan se hallan hacia el norte y son de diferentes clases, dispuestos y distinguidos según los géneros y especies celestiales, a fin de que se pueda instruir a todos y a cada uno en particular, según su carácter y facultad de recibir. Estos lugares se extienden allí, sobre un circuito bastante grande. Los buenos espíritus que han de ser instruidos son conducidos por el Señor, después de haber pasado su segundo estado, allí, en el mundo de los espíritus; pero no todos; porque los que en el mundo han sido instruidos han sido también preparados para el cielo, y son conducidos por otro camino al cielo; algunos inmediatamente después de la muerte, algunos después de una corta permanencia entre buenos espíritus, donde son apartadas las cosas mas gruesas que han llevado consigo del mundo, adquiridas en puestos honoríficos y por riquezas, y siendo así purificados. Algunos son antes devastados, lo cual se efectúa en lugares debajo de las plantas de los pies, llamados la tierra inferior, donde algunos de ellos experimentan duros sufrimientos: estos son aquellos que se han confirmado en falsedades, y sin embargo han conducido una buena vida, porque falsedades confirmadas se adhieren fuertemente y hasta que hayan sido dispersadas no puede ver uno las verdades, por consiguiente tampoco recibirlas. Pero de las devastaciones y de la manera en que se verifican, se ha tratado en “Arcana Coelestia”.
514.
Todos los que se hallan en los lugares de la instrucción habitan con
distinción entre sí. Cada uno de ellos en particular se halla con
respecto a sus cosas interiores unido con las sociedades del cielo, en
las cuales han de ingresar. Siendo así que las sociedades se hallan
ordenadas según la forma celestial (véase arriba, n. 200-212), lo están
también por lo tanto los lugares en que se verifica la instrucción; por
lo cual al ser estos lugares contemplados desde el cielo, aparecen como
un cielo en menor forma; se extienden allí por lo largo, desde el este
hacia el oeste, y por su anchura desde el sur hacia el norte, pero la
anchura es menor que la largura según la apariencia. La organización en
general es así; delante se hallan los que han muerto como niños, y hasta
su primera adolescencia han sido educados en el cielo, siendo después de
su estado de infancia cerca de sus institutrices, por el Señor
conducidos allí e instruidos. Detrás de estos están los lugares donde se
hallan los que han muerto adultos, y en el mundo se han hallado en
inclinación a la verdad por el bien de su vida; detrás de estos están
los que en el mundo fueron adictos a la religión musulmana y les
llevaron una buena vida, reconociendo a un solo Ser Divino y al Señor
como el mismo profeta, los cuales al abandonar a Mahoma, que ninguna
ayuda puede prestarles, se dirigen al Señor, adoran a Él y reconocen su
Divinidad, siendo entonces instruidos en la religión cristiana. Detrás
de estos, más hacia el norte, están los lugares de instrucción de varias
naciones idólatras, que en el mundo han conducido una buena vida en
conformidad con su religión, adquiriendo por esto cierta conciencia,
obrando recta y justamente, no tanto a causa de las leyes de su gobierno
como a causa de las leyes de su religión, cuyas leyes, opinaban debían
ser santamente observadas, y de ninguna manera violadas en actos y
obras. Todos esos son fácilmente inducidos a reconocer al Señor, cuando
hayan sido instruidos, porque han guardado en el corazón la idea de que
Dios no es invisible, sino visible bajo forma humana. Estos exceden en
número a los demás; los mejores entre ellos son de África.
515.
Pero no todos son instruidos de la misma manera ni por una misma
sociedad celestial. Los que desde la infancia han sido educados en el
cielo son instruidos por ángeles del cielo interior, puesto que no han
adquirido falsedades por errores de la religión, ni se ha resentido su
vida espiritual por las asperezas de que traen consigo los puestos
honoríficos y las riquezas en el mundo. Los que han muerto adultos son
por la mayor parte instruidos por ángeles del cielo exterior, puesto que
estos ángeles se adaptan más a ellos que los ángeles de los cielos
interiores, porque estos últimos se hallan en una sabiduría interior, la
cual todavía no pueden recibir. Los mahometanos, por otra parte, por
ángeles que antes han sido de la misma religión, y convertidos a la
religión cristiana. Los gentiles de igual manera por ángeles suyos.
516.
Toda instrucción se verifica allí por medio de doctrina sacada del Verbo
y no por medio del Verbo sin doctrina. Los cristianos son instruidos por
medio de la doctrina celestial, la cual es de completo acuerdo con el
sentido interior del Verbo. Los demás, como los gentiles y los
mahometanos, por medio de las doctrinas que más se adaptan a su facultad
de concepción, las cuales difieren de la doctrina celestial únicamente
en que enseña la vida espiritual mediante las cosas morales, que
concuerdan con sus buenos dogmas religiosos, conforme cuyas cosas
morales han conducido su vida en el mundo.
517. Las
instrucciones en los cielos difieren de las instrucciones en la tierra
en que los conocimientos no se imparten a la memoria sino a la vida;
porque la memoria de los espíritus se halla en su vida, siendo así que
reciben y se empapan de todas las cosas que concuerdan con su vida, y
las cosas que no concuerdan no las reciben, menos aun las embeben; los
espíritus son inclinaciones, y se hallan por esto mismo en una forma
humana semejante a su inclinación. Puesto que son así, se les inspira
continuamente la inclinación a la verdad perteneciente al provecho de la
vida, porque el Señor cuida de que cada uno ame los usos y provechos que
concuerdan con su índole, cuyo amor es estimulado por la esperanza de
llegar a ser ángeles; y siendo así que todos los usos y provechos del
cielo se refieren al uso y provecho general, que es favorecer el reino
del Señor, el cual allí es su patria, y siendo así que todo y cada uso y
provecho son tanto más excelentes, cuanto más directa y plenamente miran
a este uso y provecho general, por esta razón todos los innumerables
usos y provechos, y cada uno de ellos, son buenos y celestiales, por lo
cual la inclinación a la verdad en cada uno se combina con la
inclinación al uso y provecho, hasta el punto de obrar como una cosa
sola. Mediante esto se implanta la verdad en el uso, de modo que las
verdades que aprenden son las verdades del uso. De esta manera son
instruidos los ángeles-espíritus y preparados para el cielo. La
inclinación a una verdad que concuerda con el uso y provecho, se las
comunica por varios medios, la mayor, parte de los cuales son
desconocidos en el mundo; especialmente mediante representación de usos
y provechos, cuyas representaciones en el mundo espiritual se hacen de
mil maneras, y con tal delicia y placer que penetran en el espíritu
desde los interiores, que pertenecen a su mente, hasta sus exteriores,
que son de su cuerpo, afectándole así plenamente; a consecuencia de esto
el espíritu viene a ser como su propio uso y provecho. Puede por esto
constar que los conocimientos, que son verdades exteriores, no
determinan la ida al cielo, sino la vida misma, que es la vida del uso y
provecho, introducida mediante los conocimientos.
518.
Hubo algunos espíritus que por su pensamiento en el mundo se habían
persuadido de que irían al cielo, y serían allí recibidos con
preferencia a otros, por haber sido doctos y porque habían conocido
muchas cosas del Verbo y de las doctrinas de las iglesias; creyendo así
que eran sabios, y que eran los de quienes se dice:
Que
brillarán como el resplandor del firmamento, y como las estrellas
(Daniel 12: 3).
Pero
fueron examinados a fin de saber si sus conocimientos residían en su
memoria o en su vida. Los que habían tenido una genuina inclinación a la
verdad, es decir, a causa de los usos y provechos apartados de cosas
mundanas y corporales, fueron después de ser instruidos asimismo
recibidos en el cielo, y entonces les fue dado a conocer lo que brilla
en el cielo, es decir, que es la Divina verdad, la luz celestial, en el
uso y provecho el cual es el plano o base que recibe los rayos de
aquella luz y las refleja con múltiples resplandores. Por otra parte,
aquellos, cuyos conocimientos residían en la memoria solamente, por lo
cual habían adquirido la facultad de raciocinar sobre las verdades, y
confirmar las cosas que habían adoptado como verdades, las cuales por
más que eran falsas, miraban sin embargo como verdaderas — estos pues, que
no se habían hallado en luz alguna del cielo y no obstante a
consecuencia del orgullo que por la mayor parte se adhiere a esta clase
de entendimiento, en la creencia de que eran más doctos que otros, y que
ello irían al cielo, donde les servirían los ángeles, fueron por esto,
con el fin de que se apartasen de su necia creencia, elevados al primer
cielo, o sea al exterior, para ser introducidos en cierta sociedad de
ángeles allí. Pero cuando habían entrado, sus ojos empezaban, por la
influencia de la luz del cielo, a oscurecerse; luego su entendimiento a
confundirse, finalmente empezaban a luchar por falta de respiración como
lucha un moribundo; y al percibir el calor del cielo, que es el amor
celestial, empezaron a experimentar tormentos interiores. Fueron por lo
tanto precipitados de allí, y luego instruidos de que los conocimientos
no hacen el ángel, sino la vida misma adquirida mediante los
conocimientos; siendo así que los conocimientos en sí y por sí
considerados están fuera del cielo, pero la vida mediante los
conocimientos dentro del cielo.
519.
Cuando los espíritus en los lugares antes citados hayan sido preparados
para el cielo mediante enseñanza; lo cual se verifica en breve tiempo,
por la razón de que se hallan en ideas espirituales, las cuales abrazan
varias cosas a la vez, se les pone vestiduras de ángeles, las cuales por
la mayor parte son de un blanco resplandeciente como lienzo brillante, y
son conducidos a un camino que se extiende arriba hacia el cielo, y allí
son entregados al cuidado de ángeles guardianes; después son recibidos
por otros ángeles y son introducidos en las sociedades y en varias
felicidades allí. Cada uno es conducido luego por el Señor a su
sociedad, igualmente por varios caminos, a veces por ambages. Los
caminos por los cuales son conducidos no los conocen los ángeles, sino
tan sólo el Señor. Al llegar a su sociedad son abiertas sus cosas
interiores, y puesto que estas son similares a las de los ángeles que se
hallan en la sociedad, son inmediatamente recibidos y reconocidos con
alegría.
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