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EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE 

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El tercer estado del hombre después de la muerte: estado de instrucción para aquellos que entran al Cielo

512. El tercer estado del hombre o de su espíritu después de la muerte es el estado de instrucción; este estado es para aquellos que van al cielo siendo hechos ángeles, pero no para aquellos que van al infierno, puesto que estos no pueden ser instruidos, por lo cual su segundo estado es también su tercero, terminando con volverse directamente ellos a su amor, por consiguiente a la sociedad infernal que se halla en igual amor. Hecho esto, quieren y piensan sólo por este amor, y por ser este amor infernal no quieren más que el mal y no piensan más que lo falso; estas cosas son su gozo, puesto que son de su amor, y en su consecuencia rechazan todo bien y toda verdad, que antes habían admitido, por haber servido a su amor como medios. Pero los buenos son conducidos desde el segundo estado al tercer estado, que es su estado de preparación para el cielo mediante instrucción. Nadie puede ser preparado para el cielo, sino mediante conocimientos del bien y de la verdad, por consiguiente sólo mediante instrucción, porque nadie puede conocer lo que es el bien y la verdad espiritual, y lo que es el mal y la falsedad, que son opuestos a los primeros, a menos de ser instruido. Lo que es el bien y la verdad civil y moral, lo cual se llama rectitud y sinceridad, puede saberse en el mundo, puesto que allí hay leyes civiles que enseñan lo que es rectitud, y también existen tratos en los cuales el hombre aprende a vivir conforme a las leyes morales, las cuales todas se refieren a lo sincero y a lo recto. Pero el bien y la verdad espirituales no se aprenden del mundo, sino del cielo. Bien pueden saberse por las Escrituras y por la doctrina de la iglesia sacadas de la Escritura, pero no obstante no pueden influir en la vida si el hombre con respecto a sus cosas interiores, que son de la mente, no se halla en el cielo, y el hombre se halla en el cielo cuando reconoce lo Divino y asimismo obra con rectitud y sinceridad, por tener el deber de obrar así puesto que lo exige el Verbo; vive por consiguiente en rectitud y sinceridad a causa de lo Divino, y no a causa de sí mismo y del mundo, como fines. Nadie puede obrar de esta manera sin embargo, a menos de haber sido anteriormente instruido, acerca de que hay un Dios, un cielo y un infierno, que hay una vida después de la muerte, que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo; y que se debe creer lo que dice el Verbo, por ser el Verbo Divino. Sin conocimiento de estas cosas y reconocimiento de ellas el hombre no puede pensar espiritualmente, y sin pensar en ellas no las puede querer, porque el hombre no puede pensar en las cosas que ignora, y aquellas en que no piensa, no puede quererlas. Cuando, por lo tanto, el hombre quiere las cosas antes referidas, entonces influye el cielo, es decir, el Señor mediante el cielo, en la vida del hombre, porque influye en la voluntad y, mediante esta, en el pensamiento, y por conducto de ambos en la vida, porqué toda la vida del hombre se viene de allí. De ahí resulta claro que el bien y la verdad espiritual no vienen del mundo, sino del cielo, y que nadie puede ser preparado para el cielo, sino mediante instrucción. También es el caso que el Señor, en la medida que influye en el hombre, en esta medida le instruye, porque en esta medida despierta en la voluntad el deseo de conocer las verdades, y en la misma medida, ilumina el pensamiento al efecto de poder conocerlas y en la medida que esto acontece, se abren las cosas interiores del hombre, y se implanta en ellas el cielo, y además influye en la misma medida lo Divino y lo celestial en las cosas sinceras que pertenecen a la vida moral y en las rectas que pertenecen a la vida civil en el hombre, volviéndolas espirituales; puesto que el hombre entonces las hace por virtud de lo Divino, haciéndolas a causa de lo Divino. Las cosas sinceras y rectas que pertenecen a la vida moral y civil, las cuales de este origen se hacen por el hombre, son los efectos mismos de la vida espiritual y un efecto deriva su todo de su causa eficiente, porque cual esta es, tal es también aquel.

513. La instrucción se verifica por ángeles de varias sociedades, especialmente los que se hallan en la región del norte y del mediodía, porque estos ángeles tienen entendimiento y sabiduría en consecuencia de conocimientos del bien y de la verdad. Los lugares donde enseñan se hallan hacia el norte y son de diferentes clases, dispuestos y distinguidos según los géneros y especies celestiales, a fin de que se pueda instruir a todos y a cada uno en particular, según su carácter y facultad de recibir. Estos lugares se extienden allí, sobre un circuito bastante grande. Los buenos espíritus que han de ser instruidos son conducidos por el Señor, después de haber pasado su segundo estado, allí, en el mundo de los espíritus; pero no todos; porque los que en el mundo han sido instruidos han sido también preparados para el cielo, y son conducidos por otro camino al cielo; algunos inmediatamente después de la muerte, algunos después de una corta permanencia entre buenos espíritus, donde son apartadas las cosas mas gruesas que han llevado consigo del mundo, adquiridas en puestos honoríficos y por riquezas, y siendo así purificados. Algunos son antes devastados, lo cual se efectúa en lugares debajo de las plantas de los pies, llamados la tierra inferior, donde algunos de ellos experimentan duros sufrimientos: estos son aquellos que se han confirmado en falsedades, y sin embargo han conducido una buena vida, porque falsedades confirmadas se adhieren fuertemente y hasta que hayan sido dispersadas no puede ver uno las verdades, por consiguiente tampoco recibirlas. Pero de las devastaciones y de la manera en que se verifican, se ha tratado en “Arcana Coelestia”.

514. Todos los que se hallan en los lugares de la instrucción habitan con distinción entre sí. Cada uno de ellos en particular se halla con respecto a sus cosas interiores unido con las sociedades del cielo, en las cuales han de ingresar. Siendo así que las sociedades se hallan ordenadas según la forma celestial (véase arriba, n. 200-212), lo están también por lo tanto los lugares en que se verifica la instrucción; por lo cual al ser estos lugares contemplados desde el cielo, aparecen como un cielo en menor forma; se extienden allí por lo largo, desde el este hacia el oeste, y por su anchura desde el sur hacia el norte, pero la anchura es menor que la largura según la apariencia. La organización en general es así; delante se hallan los que han muerto como niños, y hasta su primera adolescencia han sido educados en el cielo, siendo después de su estado de infancia cerca de sus institutrices, por el Señor conducidos allí e instruidos. Detrás de estos están los lugares donde se hallan los que han muerto adultos, y en el mundo se han hallado en inclinación a la verdad por el bien de su vida; detrás de estos están los que en el mundo fueron adictos a la religión musulmana y les llevaron una buena vida, reconociendo a un solo Ser Divino y al Señor como el mismo profeta, los cuales al abandonar a Mahoma, que ninguna ayuda puede prestarles, se dirigen al Señor, adoran a Él y reconocen su Divinidad, siendo entonces instruidos en la religión cristiana. Detrás de estos, más hacia el norte, están los lugares de instrucción de varias naciones idólatras, que en el mundo han conducido una buena vida en conformidad con su religión, adquiriendo por esto cierta conciencia, obrando recta y justamente, no tanto a causa de las leyes de su gobierno como a causa de las leyes de su religión, cuyas leyes, opinaban debían ser santamente observadas, y de ninguna manera violadas en actos y obras. Todos esos son fácilmente inducidos a reconocer al Señor, cuando hayan sido instruidos, porque han guardado en el corazón la idea de que Dios no es invisible, sino visible bajo forma humana. Estos exceden en número a los demás; los mejores entre ellos son de África.

515. Pero no todos son instruidos de la misma manera ni por una misma sociedad celestial. Los que desde la infancia han sido educados en el cielo son instruidos por ángeles del cielo interior, puesto que no han adquirido falsedades por errores de la religión, ni se ha resentido su vida espiritual por las asperezas de que traen consigo los puestos honoríficos y las riquezas en el mundo. Los que han muerto adultos son por la mayor parte instruidos por ángeles del cielo exterior, puesto que estos ángeles se adaptan más a ellos que los ángeles de los cielos interiores, porque estos últimos se hallan en una sabiduría interior, la cual todavía no pueden recibir. Los mahometanos, por otra parte, por ángeles que antes han sido de la misma religión, y convertidos a la religión cristiana. Los gentiles de igual manera por ángeles suyos.

516. Toda instrucción se verifica allí por medio de doctrina sacada del Verbo y no por medio del Verbo sin doctrina. Los cristianos son instruidos por medio de la doctrina celestial, la cual es de completo acuerdo con el sentido interior del Verbo. Los demás, como los gentiles y los mahometanos, por medio de las doctrinas que más se adaptan a su facultad de concepción, las cuales difieren de la doctrina celestial únicamente en que enseña la vida espiritual mediante las cosas morales, que concuerdan con sus buenos dogmas religiosos, conforme cuyas cosas morales han conducido su vida en el mundo.

517. Las instrucciones en los cielos difieren de las instrucciones en la tierra en que los conocimientos no se imparten a la memoria sino a la vida; porque la memoria de los espíritus se halla en su vida, siendo así que reciben y se empapan de todas las cosas que concuerdan con su vida, y las cosas que no concuerdan no las reciben, menos aun las embeben; los espíritus son inclinaciones, y se hallan por esto mismo en una forma humana semejante a su inclinación. Puesto que son así, se les inspira continuamente la inclinación a la verdad perteneciente al provecho de la vida, porque el Señor cuida de que cada uno ame los usos y provechos que concuerdan con su índole, cuyo amor es estimulado por la esperanza de llegar a ser ángeles; y siendo así que todos los usos y provechos del cielo se refieren al uso y provecho general, que es favorecer el reino del Señor, el cual allí es su patria, y siendo así que todo y cada uso y provecho son tanto más excelentes, cuanto más directa y plenamente miran a este uso y provecho general, por esta razón todos los innumerables usos y provechos, y cada uno de ellos, son buenos y celestiales, por lo cual la inclinación a la verdad en cada uno se combina con la inclinación al uso y provecho, hasta el punto de obrar como una cosa sola. Mediante esto se implanta la verdad en el uso, de modo que las verdades que aprenden son las verdades del uso. De esta manera son instruidos los ángeles-espíritus y preparados para el cielo. La inclinación a una verdad que concuerda con el uso y provecho, se las comunica por varios medios, la mayor, parte de los cuales son desconocidos en el mundo; especialmente mediante representación de usos y provechos, cuyas representaciones en el mundo espiritual se hacen de mil maneras, y con tal delicia y placer que penetran en el espíritu desde los interiores, que pertenecen a su mente, hasta sus exteriores, que son de su cuerpo, afectándole así plenamente; a consecuencia de esto el espíritu viene a ser como su propio uso y provecho. Puede por esto constar que los conocimientos, que son verdades exteriores, no determinan la ida al cielo, sino la vida misma, que es la vida del uso y provecho, introducida mediante los conocimientos.

518. Hubo algunos espíritus que por su pensamiento en el mundo se habían persuadido de que irían al cielo, y serían allí recibidos con preferencia a otros, por haber sido doctos y porque habían conocido muchas cosas del Verbo y de las doctrinas de las iglesias; creyendo así que eran sabios, y que eran los de quienes se dice:

Que brillarán como el resplandor del firmamento, y como las estrellas (Daniel 12: 3).

Pero fueron examinados a fin de saber si sus conocimientos residían en su memoria o en su vida. Los que habían tenido una genuina inclinación a la verdad, es decir, a causa de los usos y provechos apartados de cosas mundanas y corporales, fueron después de ser instruidos asimismo recibidos en el cielo, y entonces les fue dado a conocer lo que brilla en el cielo, es decir, que es la Divina verdad, la luz celestial, en el uso y provecho el cual es el plano o base que recibe los rayos de aquella luz y las refleja con múltiples resplandores. Por otra parte, aquellos, cuyos conocimientos residían en la memoria solamente, por lo cual habían adquirido la facultad de raciocinar sobre las verdades, y confirmar las cosas que habían adoptado como verdades, las cuales por más que eran falsas, miraban sin embargo como verdaderas — estos pues, que no se habían hallado en luz alguna del cielo y no obstante a consecuencia del orgullo que por la mayor parte se adhiere a esta clase de entendimiento, en la creencia de que eran más doctos que otros, y que ello irían al cielo, donde les servirían los ángeles, fueron por esto, con el fin de que se apartasen de su necia creencia, elevados al primer cielo, o sea al exterior, para ser introducidos en cierta sociedad de ángeles allí. Pero cuando habían entrado, sus ojos empezaban, por la influencia de la luz del cielo, a oscurecerse; luego su entendimiento a confundirse, finalmente empezaban a luchar por falta de respiración como lucha un moribundo; y al percibir el calor del cielo, que es el amor celestial, empezaron a experimentar tormentos interiores. Fueron por lo tanto precipitados de allí, y luego instruidos de que los conocimientos no hacen el ángel, sino la vida misma adquirida mediante los conocimientos; siendo así que los conocimientos en sí y por sí considerados están fuera del cielo, pero la vida mediante los conocimientos dentro del cielo.

519. Cuando los espíritus en los lugares antes citados hayan sido preparados para el cielo mediante enseñanza; lo cual se verifica en breve tiempo, por la razón de que se hallan en ideas espirituales, las cuales abrazan varias cosas a la vez, se les pone vestiduras de ángeles, las cuales por la mayor parte son de un blanco resplandeciente como lienzo brillante, y son conducidos a un camino que se extiende arriba hacia el cielo, y allí son entregados al cuidado de ángeles guardianes; después son recibidos por otros ángeles y son introducidos en las sociedades y en varias felicidades allí. Cada uno es conducido luego por el Señor a su sociedad, igualmente por varios caminos, a veces por ambages. Los caminos por los cuales son conducidos no los conocen los ángeles, sino tan sólo el Señor. Al llegar a su sociedad son abiertas sus cosas interiores, y puesto que estas son similares a las de los ángeles que se hallan en la sociedad, son inmediatamente recibidos y reconocidos con alegría.

520. Añadiré a esto un detalle digno de memoria, referente a los caminos que desde aquellos lugares conducen al cielo, y por los cuales son introducidos los ángeles novicios. Hay ocho caminos; dos desde cada lugar de instrucción; uno de ellos sube por el lado del este, el otro por el lado del oeste. Los que entran en el reino celestial del Señor son introducidos por el camino del este, pero los que van al reino espiritual son introducidos por el camino del oeste; los cuatro caminos que conducen al reino celestial del Señor aparecen plantados de olivos y árboles frutales de varias clases; por otra parte, los que conducen al reino espiritual del Señor son plantados de viñas y laureles; esto a consecuencia de la correspondencia, siendo así que viñas y laureles corresponden a la inclinación a la verdad y a los usos y a los provechos de la misma, y "olivos" y "árboles frutales" corresponden a la inclinación, al bien y a sus usos y provechos.